La cacería de la criatura.

¿Cómo enfrentarse con aquello? Era una pregunta inquietante e incomprensible.

Aquello era una criatura diminuta, pero con un poder sobrecogedor. Su mirada podía helar la sangre y destrozarte por dentro.

Ya había eliminado a dos de mis mejores cazadores y estaba visto que si no actuaba rápido, iba a tener idéntico destino.

No podía demorarlo por más tiempo así que bajé de mi montura y lo aplasté con mi bota, limpiándome sus restos en una roca cercana.

Mira que había sido fácil y aquella cosa había eliminado a nada menos que 10 de los mejores cazadores del reino, además de 2 de los míos.

M. D. Álvarez

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El sueño del Caos primigenio.

¿Por dónde empezar? He ahí la cuestión mas importante de toda la historia. Nada más sencillo que por el principio y ¿cual es el comienzo, la génesis? Eso nadie lo sabe con seguridad.

Posiblemente este sea uno de esas quimeras del Caos primordial, o de otro ser del que aún no tenemos constancia. Pero eso aun no se sabe. Así que empezare con mi relato:

…cuando todo estaba sumido en un Caos de oscuridad, envuelto entre las nieblas del amanecer de los tiempos. Cuando aún no existía nada salvo el Caos donde poblaban, entre la mas lúgubre crudeza y el frío más gélido y aterrador, las criaturas primigenias, sin ser vistas ni sentidas. Seres de aspecto espeluznante, dantesco y terrorífico. Aquellas criaturas servían al Gran Caos, su hacedor. Él las alimentaba de la más lúgubre oscuridad. Habitaban en planetas oscuros y caóticos que se regeneraban en explosiones de materia umbrosa. Éstas, a su vez, generaban nebulosas negras que, preñadas del Caos, parían más y más planetas crepusculares donde habitaban seres atemporales del Caos.

El corazón del Caos era tan ponzoñoso y nauseabundo que si las criaturas que lo poblaban lo vislumbraran, aunque solo fuera de soslayo, serían pasto del dolor más inenarrable de todos los tiempos, por lo que nacían ciegas pero dotadas de un poder extraordinario. Ansiaban reunirse con su señor. Surcaban los bastos territorios de pavorosa oscuridad en busca del corazón del Caos aun sabiendo que perecerían con sólo acercársele.

Al núcleo de aquella noche sin fin le faltaba el equilibrio y fue ahí cuando surgió, en medio de aquel corazón frió como el hielo, un puntito de luz al que llamaremos Ente. Era una criatura diferente a las que poblaban ese gran Caos. Ese puntito minúsculo fue creciendo hasta alcanzar el tamaño de un huevo y cuando el ser que habitaba en el huevo quiso eclosionar su morada, expandiéndose y tratando de aniquilar aquel Caos de oscuridad perpetua, las criaturas que lo poblaban intentaron rebelarse. Pero fueron engullidas por el torrente de luz emanante del nuevo ser rutilante que desprendía un calor abrasador.

La criatura era hermosa, de una extraordinaria belleza y dotada de un gran poder muy parecido al que tenía el Caos primitivo. Poseía unas ansias de crear y llenar todo de luz y seres de gran belleza. Parecía poder vencer al Caos pero la batalla no había acabado ya que, aun así, quedo una parte latente de Caos que, como una parte integrante y caótica del nuevo ser, sigue luchando en danza continua contra la nueva entidad. Su batalla se debe al ansia de retornar su antiguo reino de oscuridad sin fin, poblada de gigantescas entelequias que permanecen en nuestros sueños y pesadillas más horribles a la espera de que su hacedor tome el control y traiga la nebulosidad más negra y así poder tragarnos, como sustento de sus criaturas que hambrientas reclamaran alimentos a su todopoderoso señor.

Él fue el principio de todas las cosas, a la vez que será el final de todo. Cuando sus criaturas invadan su corazón y perezcan en su interior, presas de un dolor tan horrible que es mejor no mencionarlo.

El Caos contra el nuevo orden. Siguen y seguirán enzarzados en una lucha sin cuartel para hacerse con la hegemonía de todo lo creado e increado. Una lucha fraticida que irá mermando las fuerzas de los dos contrincantes. Ambos lucharan ferozmente por prevalecer sobre el contrario. Una batalla que será narrada en eones venideros. y serán guardados en los archivos arcanos, para ser recordados por futuras generaciones, de especies pensantes. Estas, glorificarán al Caos primitivo o al nuevo orden.

Más todo esto sucederá cuando hayan pasado millones y millones de años. Ahora, de momento, sólo somos parte de un sueño eterno que se vislumbra en el corazón del Caos primordial., soñador, creador de todo lo increado y creado. Tendremos que esperar a que se despierte el Arcano y busque su equilibrio para dar paso a la nueva criatura que, a su vez, nos de paso a nosotros como supuestas criaturas pensantes. Ya que en nuestro interior encerramos a nuestro Caos más negro y tenebroso que, mezclado con polvo del nuevo orden, nos hará hallar el equilibrio constante entre el Caos primigenio y el nuevo ser. Espero que tarde épocas ingentes de eones en despertarse de su sueño ya que, como criaturas pensantes que seremos, tendremos el poder de ser capaces de prevalecer sobre el Caos y el nuevo orden o seguiremos luchado, en una batalla sin fin, entre los dos ordenes. Quizás nos lleve a nuestra autodestrucción por no poder controlar ni a uno ni a otro, haciendo prevalecer al principio más básico: el Caos que hubo en un principio.

Pero eso, como ya dije al principio, puede ser un sueño o no.que podrá deberse al Caos primordial o a una criatura mucho más poderosa y anterior a él. Una quimera de destrucción continua, una iniquidad que deberemos temer más que al caos mismo. Porque, cuando se aburra de jugar con las dos entidades, las borrará de un plumazo y con ellos, nuestra existencia misma.

M. D. Álvarez

La Esfinge.

No era una criatura al uso. Era la criatura perfecta. Se situaba en una encrucijada de caminosy esperaba a que pasara algún incauto para plantearle su acertijo. Si lo adivinabas te concedía lo que quisieras pero ¡¡¡Ay de aquél que no lo acertase!!! Sería devorado por la enigmática esfinge y a la vista de los restos óseos que había a su alrededor, eran más los que no encontraban respuesta que los que sí.

Esfinge preciosa y enigmática. En apariencia parecía dócil. El torso de doncella y el tronco de león, llevaba dos alas enormes que la transportaban a las encrucijadas que quisiera. Hasta que llegó a una en la que casualidades del destino se topó con otra de su especie. Ninguna se atreve a preguntar.

M. D. Álvarez

La Erinia.

La desesperación era continua. No podía huir de eso. Me perseguía una Erinia. Cuando me alcanzara su peso caería sobre mí como una tumba. Su aspecto era horrible, dantesco. Tenía unas garras afiladas y en vez de cabellos tenía serpientes.
¿Pero que había hecho yo para merecer tal hostigamiento? Por mucho que lo pensara, no hallaba la respuesta. Sólo hice lo que me ordenaron. Y ahora era acosado, por la peor de todas las pesadillas.
La Erinia con sus fieros ojos me escudriñaba y seguía atormentándome, con un ímpetu inquebrantable e irreducible.

M. D. Álvarez

Mahalaleel, el aventurero.

Esta es la historia de un anarin llamado Mahalaleel, el cual vive en la ciudad de Aroer, que a se encuentra en el país de Bergal, que a su vez se halla en el planeta de Carión.

Los anarin son un pueblo muy tranquilo, no pelean, no discuten, no guerrean, en definitiva son un pueblo aburrido, pero a Mahalaleel le gustaba curiosear, era extremadamente curioso y en vista de que en Aroer nunca pasaba nada, decidió partir hacia la región de Gederati, en busca de aventuras.

Yendo de camino a la ciudad de Baser, Mahalaleel se encontró con un individuo al cual pregunto a cuantos días de camino estaba la ciudad, el extraño le respondió, que a cuatro jornadas, pero que era mejor que no se acercase por allí, pues estaban pasando cosas muy raras en esa ciudad.

Pero Mahalaleel no hizo caso. Como ya se dijo, él era muy curioso, y lo oído anteriormente le había intrigado de tal forma que hizo los cuatro días en dos.

Al llegar a Baser se encontró con algo muy extraño. No había nadie en las calles y las casas estaban cerradas a cal y canto. Tan sólo, a lo lejos se oían los ladridos lastimeros de los perros. El aire estaba cargado. La tensión se sentía en el ambiente, se intuían las miradas acechantes. Mahalaleel no sabían que hacer, así que, se acerco a una puerta y llamo insistentemente para que le abrieran; pero nadie contesto.

De pronto, tras él, apareció un gigante encapuchado de unos tres metros de altura. Mahalaleel le preguntó.

¿Quién eres? y ¿qué quieres de mí?

Me llamo Ahiram de Mara y no quiero nada de ti, tan solo te aviso, de que si te quedas aquí morirás.

Y ¿por qué he de morir? – Le interrogó.

Eso no puedo decírtelo, pero si osas quedarte, tendrás una muerte cruel.

A Mahalaleel le picaba cada vez mas la curiosidad, más optó por salir de Baser y vigilar todo lo que ocurría desde una cima, no muy lejos de la ciudad, la cual recibe el nombre de Pi-habirot, que significaba en anarin “Cima Pacifica”. Por suerte para él, se había traído un visor graduable, con el que podía ver todo lo que pasara en Baser. Desgraciadamente en las horas diurnas, nada ocurrió; ni siquiera volvió a ver al extraño gigante. Mahalaleel estaba a punto de abandonar, cuando de pronto, vio que algo se movía en el centro de la plaza, pero eso era imposible, ya que tan sólo unos instantes antes había mirado y no vio ni un alma.

Lo que Mahalaleel observó era una extraña forma, que comenzaba a retorcerse tomando formas distintas, hasta que se detuvo. Fue entonces cuando se dio cuenta que estaba ante un enorme fargún. Los así llamados son unos personajes de la mitología anarin, que representan a los poderes oscuros en las entrañas del planeta.

Aquel ser era grande, extremadamente grande. Mahalaleel se preguntaba. Qué hacía allí, en la ciudad de Baser. De pronto, surgió sin que el se diera cuenta de dónde había salido, una gran multitud de personas, que se reunió en torno a la criatura. Parecían adorarle. En ese instante se percató de lo que allí ocurría.

Mahalaleel recordó que los fargún son los enviados del “Señor Oscuro”, Hiramohab, en anarin. El cual había sido un rey tirano y cruel, que fue expulsado de Habheril, el paraíso, por el magnánimo Abbaras, cuyo nombre significa”Padre Creador”.

Y ahora parecía querer volver a reinar con la ayuda del pueblo de los urinibitas.

Por un breve instante percibió la mirada de aquel ser, pero eso era imposible, nadie sabía que estaba allí. Más no se podía mover, pues realmente el fargún le seguía mirando. Transcurridos unos segundos, los cuales le parecieron una eternidad, el enviado desvió la mirada y Mahalaleel quedó apesadumbrado, pues como dicen los anarin, “el que mirase fijamente a un fargún, tendrá dolor de corazón”, más el no temía esas habladurías, ya que leyó en el Canaf, libro escrito por Abbaras, en el que dice, “el que estuviese expuesto a la mirada de un fargún, podrá salvarse, bebiendo del agua de la fuente de Obhadyahu”, la cual se encontraba no muy lejos de allí.

Mahalaleel bajó de Pi-habirot y se encamino hacia dicha fuente. Mientras iba caminando, sentía como un gran pesar le llenaba el corazón, era la mirada del fargún que le había herido muy profundamente. Tardo en llegar unas doce horas y una vez allí bebió todo lo que pudo, hasta que le abandonó el pesar.

Una vez recuperado, fue a la ciudad de Hadhramelech, cuyo nombre significa “Circulo del Rey”, a solicitar ayuda al gran señor de Bergal, descendiente directo del magnánimo Abbaras, conocido por Adonhiram, que significa “Gran Señor”.

Mahalaleel fue recibido por éste, que tras saber que Hiramoab pretendía volver de su encierro subterráneo, ordenó que se preparara a todo su ejército, para atacar Baser al anochecer; y le dio a Mahalaleel el rango de teniente general de todos sus ejércitos. A las tres horas de haber llegado, partió de nuevo hacia Baser al frente de 200.000 melech. Estos eran fieles servidores de Adonhiram, al igual que lo fueron de Abbaras, cuando se enfrentaron por primera vez a las huestes de Hiramohab, en la batalla de Sikhron y en la que perecieron alrededor de unos 600.000 melech.

Antes de atacar la ciudad, subieron a Pi-habirot, desde donde pudieron acechar sin peligro a Hiramohab y a todo su sequito de abominables criaturas. Desde allí se hicieron todos los preparativos para entrar en combate. Adonhiram le entregó una coraza de krelún (el krelún es un material virtualmente indestructible), mientras que él llevaba la cota de malla y la coraza de Abbaras, con el mítico Tharem en la frente.

El Tharem es un regalo de Ebhiathar, nuestro dios, que le entregó a Abbaras y de éste paso a padres y a hijos, hasta llegar a Adonhiram. Se trata de una lágrima de Ebhiathar, una perla de unos cinco centímetros, la cual posee el poder de destruir todo el mal que hay en Carion.

La ciudad de Baser fue rodeada por los melech, pero Hiramohab sintió la presencia de Adonhiram y había hecho preparar calderos de kehal, un ácido muy corrosivo.

Adonhiram sabia que tendría algo preparado, advirtió a sus fieles y les mando que avanzaran camuflándose con arbustos cortados. Cuando se hallaban a menos de 30 metros de las barbacanas de la ciudad, fueron vertidos los calderos con el kehal, por los toboganes abiertos sobre el portón de entrada, por lo que no hubo bajas en el ejército de Adonhiram. Con un enorme ariete que habían construido comenzaron a golpear el portón del baluarte de la ciudad. Protegiéndose con los escudos, de las flechas que disparaban, por las aspilleras, los arqueros. Hasta que cedió bajo el ímpetu de los melech, que comenzaron a pelear contra los urinibitas.

Mahalaleel se defendía como un gran guerrero, a pesar de pertenecer al pacifico pueblo de los anarin, lucho cuerpo a cuerpo contra Abdeh-Mohab, la mano derecha de Hiramohab, cuyo nombre significa “Servidor Oscuro”y al que logro matar en arduo combate.

Adonhiram mientras tanto se batía con Hiramohab, que rehuía enfrentarse con él, y le enviaba a sus terribles secuaces, los cuales iban cayendo, bajo su mirada, hasta que al fin se encontró rodeado de unos quinientos cadáveres y frente a él se hallaba el tan temido Hiramohab, cuyo nombre era símbolo de horror para todos los habitantes del planeta Carión y al que ningún melech se había atrevido a enfrentarse y los que lo había intentado, yacían muertos a sus pies asesinados por su sequito de abominables esbirros.

Adonhiram pronuncio las siguientes palabras que devolverían a Hiramohab a su encierro en el Bhakjhálum

– Ebhiathar, Ebhiathar, Señor de los Ejércitos, acude a mi llamada y escucha a tu humilde siervo que clama justicia. Te suplico encierres a esta mala bestia en el Bhakjhálum, el Infierno de los 100.000 tormentos, para que pague por el horror causado en nuestras vidas y que nunca jamás vuelva a morar fuera de el.

Una vez hubo terminado, Hiramohab fue tragado por la tierra con todas sus criaturas, entre temblores y relámpagos, para no volver jamás.

Hubo grandes celebraciones en todo el planeta, pero Mahalaleel ya había partido hacia las oscuras regiones de Khublarhek, donde encontraría muchas mas aventuras, que serian narradas por él mismo, puesto que volvió a la ciudad de Hadhramelech, para contar todo lo acaecido a su buen amigo el rey de Bergal, Adonhiram.

M. D. Álvarez

Un gran convento de acogida.

-No, no, que no caben más hermanas. Dijo el Pater Marcus.

-Cómo que no, aquí siempre hay hueco para más hermanas que han sufrido. -Dijo sor Ines.

-Además nos podemos apretar un poquito mas y asi poder ayudar a más hermanas. Repitió sor Ángela.

-Lo decidiremos al terminar los oficios dominicales. -Respondió el pater con tono severo.

-Como quiera pater, pero a esta ovejita no la vamos a dejar fuera con la que está cayendo. -Replicó sor Camelia mientras miraba el diluvio que no había dejado de caer.

-Habrá que preparar una de las celdas para esta jovencita. ¿Sor Gabriela se encarga usted? -Respondió el pater

-Que remedio, pater. Sor Angela venga vamos a abrir el ala este, las celdas son más calentitas.

Mientras las hermanas salían a sus quehaceres cotidianos, la joven recién llegada se quedó observando al pater en silencio. -Habrá que hacer algo con ese ojo morado y esos cardenales en el cuello. .-Dijo el pater.

La joven se asusto, pero permaneció quieta mientras la hermana Inés le aplicaba un ungüento a base de aloe vera sobre los moratones del cuello y una cataplasma sobre el ojo morado.- Ya veras como todo va a salir bien.

-Sor Ines no se haga ilusiones. Que aun no lo hemos decidido.

-Lo sé pater, pero todos somos iguales a los ojos de dios y no creo que le vayamos a negar la ayuda a una linda jovencita a la que un desalmado ha utilizado como saco de boxeo.

-Me llamo Rosa. -Dijo la joven que hasta el momento no había dicho nada desde que sor Angela la había encontrado en un banco de la capilla. -Gracias por la ayuda que me han brindado, si no fuera por ustedes estaría en la calle y de haberme encontrado ese desgraciado seguro que me mataba. -Dijo Rosa entre sollozos.

-Nada nada, que no te vas. Y que se atreva ese malencarado a poner un pie aquí. Le van a llover… Sor Inés se contuvo al ver la cara del pater.

-Ha sacado su genio, sor Ines. Y lleva mucho tiempo con nosotras. Ya sabe lo que le toca hacer. -Sentenció el pater.

-Si pater lo haré con gusto, me he dejado llevar por la ira y no puede ser. Todos tenemos un lastre y hemos de acarrear con el. hasta que llegue alguien que te ayude a aliviar tu carga. Rosa no debes guardar odio en tu corazón. Debes perdonar y ayudar a esa persona que te ha hecho daño, para que se de cuenta que todos somos hermanos y debemos respetarnos los unos a los otros. – Dijo sor Inés con el rostro transfigurado por el gran amor que sentía por toda la humanidad. Casi había pedido los papeles, pero logró contener su mal genio a tiempo.

M. d. Álvarez

Doble identidad

Porque me siento tan mal. Por fuera soy una persona tranquila y alegre, pero por dentro me quema un dolor tan intenso que temo que reviente por algún lado. Iriendo a los que más quiero.

Creo que todo comenzó con aquel monstruo que me utilizó para satisfacer sus instintos más primarios. Yo solo era una niñita pequeña y no sabía lo que pasaba hasta que crecí y ya no volvió a tocarme. Ahora tengo miedo de que el monstruo que habita en mi pueda hacer daño a los que más quiero.

Por eso estoy plasmando mis sentimientos de rábia e irá mal contenida, que me provoca un dolor intenso que he de disimular con mi otra cara.

No sé cómo expresar mis emociones y pienso que sería mejor no estar en este mundo, pero he de aguantar porque si lo volviera a intentar y lo consiguiera entonces el monstruo ganaría y mi familia no podría soportar mi pérdida.